AVICENA

Nombre con el que los escolásticos conocieron al filósofo persa Ibn Sina (Afshana, en Bukhara, 980-Hamadn, 1037).

Destacó tanto por sus conocimientos de medicina como por su formación filosófica, matemática y astronómica. Sirvió como médico y consejero a varios soberanos persas.

Fue médico muy famoso en todo Oriente, su Canon de Medicina, traducido al latín en el siglo XII, se consideró texto fundamental en todas las facultades occidentales. Escribió más de cien obras sobre distintos temas, pero se dedicó fundamentalmente al estudio de la filosofía aristotélica. Ésta le llevó a definir las relaciones entre el ser de una cosa y su esencia y las relaciones entre posible y necesario. En el universo, dice Avicena, hay un ser absolutamente necesario, en el que coinciden esencia y existencia: Dios; existe después lo posible, que recibe de lo "absolutamente necesario" la necesidad de su ser (por ejemplo: el alma humana), y en fin, lo simplemente posible, que está sujeto a perecer. El universo es eterno porque Dios, absoluta necesidad, no hubiera podido querer primero y luego no querer su existencia.

De esta forma falta a la metafísica de Avicena la nota que caracteriza la metafísica cristiana, en la que la Creación es un acto de la voluntad divina. En Avicena se perfila una doctrina que será muy debatida en la Edad Media y el Renacimiento: la doctrina de la unidad del intelecto activo. La operación "activa" por la que se llega a la esencia del objeto conocido no puede realizarla nuestro intelecto, sino un intelecto activo único, el divino, que, prácticamente piensa en nosotros y por nosotros.

Su principal obra filosófica es el Libro del remedio o de la curación que refundió bajo el título La salutación.

Cabe destacar el resumen en 1316 versos del saber médico de Avicena, realizado en Oriente: el "Aryuza", que hacia 1280 tradujo el médico francés Armengaud de Montpellier, al que abadía unos comentarios conocidos con el nombre de " Cántica".

El saber médico de Avicena queda plasmado en el dicho popular: "Más mató una cena que curó Avicena", con el que se pretende reflejar lo nocivo de comer en exceso al final del día, comparando los negativos efectos de este hecho con el buen hacer del médico y filósofo persa. PARACELSO

Nombre con el que se conoce a Theophrast Bombast von Hohenheim, médico, filósofo y químico suizo (Einsiedeln, 1493-Salzburgo, 1541).

Hijo de un médico rural, después de estudiar en Alemania, Italia (se doctoró en medicina en Ferrara) y Francia, en 1526 fue nombrado profesor de la universidad de Basilea, cargo que se vio obligado a abandonar a causa de sus teorías y su actitud de desprecio hacia los médicos clásicos (Hipócrates, Galeno, Avicena).

Desde 1529 llevó una vida errante por diversas ciudades europeas, incluida Zaragoza, en las que difundió sus ideas reformadoras científicas, especialmente médicas, filosóficas y teológicas.

Intentó explicar todo fenómeno a partir de la experiencia, que para él no era más que la intuición directa del mundo visible. Asimismo afirmó que los procesos vitales son de naturaleza química y que la medicina constituye el fundamento de todos los saberes, por lo que el verdadero médico es al mismo tiempo filósofo, astrónomo y teólogo.

Creía que el hombre es como un microcosmos integrador de todos los procesos, ritmos y fuerzas de la naturaleza y, por tanto, la práctica médica debía apoyarse en cuatro pilares: la filosofía, la astronomía, la virtud y la alquimia (Dios el “sumo boticario”, habría dispuesto en la naturaleza una serie de remedios específicos para cada enfermedad, que el alquimista tenía que conocer y aislar).

A pesar de sus contradicciones y en algunas ocasiones su oscuro lenguaje, se le reconoce el mérito de haber contribuido decisivamente a la renovación de la medicina, principalmente en Alemania y de haber sentado las bases de la terapéutica basada en los principios químicos.

Entre sus obras destacan: Paragranum (1530), Paramirum (1530), Philosophia Magna (1532-1533), Labyrinthus medicorum errantium (1537).