René Théophile Hyacinthe Laennec

Médico francés (Quimper, Bretaña, 1781-Kerlouanec, Bretaña, 1826). Tras un periodo de formación junto a un tío suyo, médico de Nantes, en 1801 se trasladó a París, donde se matriculó en la École Spéciale de Santé. Nombrado en 1816 médico del Hospital Necker, llevó a cabo el principal de sus descubrimientos: el de la auscultación mediante la invención del estetoscopio.

La auscultación, según la describió Laënnec, es un método de examen físico que consiste en escuchar los sonidos que se producen en el interior del organismo, especialmente en el corazón, vasos y aparato respiratorio: “Realizada mediante la aplicación directa del oído en la zona que se quiere explorar o con el estetoscopio es indispensable para establecer muchos diagnósticos”.

Si bien Hipócrates había percibido ya el rumor producido por un derrame en la pleura, fue este médico francés, quien, en 1818, mediante un estetoscopio que el mismo inventó, demostró la importancia de tales ruidos para establecer el diagnóstico de las distintas entidades pulmonares y cardiacas.

El estetoscopio como instrumento médico, en su etapa inicial, se utilizó para auscultar no sólo el tórax y el corazón, sino también algunas otras zonas del cuerpo sobre las cuales la oreja no se podía adaptar con facilidad (fosas supraclaviculares, cavidades axilares, etc… ).

En su forma más sencilla, estetoscopio monoauricular, tal como lo describió su inventor, era un cilindro cóncavo de material sólido, con el extremo superior o auricular ensanchado en forma de pabellón y el inferior en forma de embudo.

Enseñó medicina en el Colegio de Francia, describiendo muchos signos de auscultación.

Fue el primero en establecer un completo cuadro clinicopatológico de la tuberculosis y en describir con gran precisión una forma de cirrosis hepática (cirrosis de Laënnec); las páginas descriptivas de su obra “Traité de l’ascultation mediate et des maladies des poumons et du coeur” (París 1818) se han considerado como las más bellas y claras de la literatura médica.

Murió de tuberculosis a los cuarenta y cinco años de edad, dejando tras sí la descripción de un gran número de criterios semiológicos y signos clínicos, que constituyen el núcleo de la medicina clínica moderna.